A las personas adultas las llamamos acompañantes, porque lo que queremos hacer es observar y acompañar los procesos personales de cada niño. Para poder acompañar de forma constructiva necesitamos crear una relación de confianza individualizada.

Queremos estar presentes para ellos, con todos los sentidos, y darles nuestro apoyo en momentos de dificultad. Cuando les atendemos, nos ponemos a su altura, les escuchamos con atención y les respondemos en un lenguaje que puedan comprender. En momentos de dificultad, acompañamos y apoyamos al niño que se siente mal, intentando empatizar con su sentimiento y permitiendo la expresión de sus emociones, sin negarlas, justificarlas, buscar soluciones o distraer su atención. Queremos permitir la conexión con sus emociones y demostrarle que le aceptamos en cualquier circunstancia.

En situaciones de conflicto, acompañamos de tal manera que los niños puedan encontrar sus propias soluciones en un ambiente de seguridad y entendimiento, a veces poniendo los límites necesarios para que no haya agresiones. La persona adulta no hace ni de juez, ni de árbitro, y no culpabiliza. También es misión de los acompañantes mantener el ambiente seguro y relajado, a veces poniendo los límites que en cada situación se consideren necesarios. Intentamos que el momento de poner un límite sea también un momento en que el niño se sienta querido y aceptado, aunque no lo sea su acción, permitiendo y apoyando sus manifestaciones de frustración. En ningún caso utilizamos la recriminación, el chantaje, la amenaza o el castigo.

Para la buena convivencia tenemos unas normas, por ejemplo, relacionadas con el uso de cada rincón o ciertos juguetes, el recoger, el nivel de ruido en cada espacio… Para los niños de Infantil, los acompañantes definen y están pendientes de estas normas. Con los niños mayores hay asambleas semanales, en las que se debaten y deciden estas normas, y los propios niños también están pendientes de su uso. El acompañante forma parte de la asamblea y tiene que velar por el buen funcionamiento, sin abusar a la hora de tomar decisiones.

Para poder aprender se necesitan referencias y modelos. Las acompañantes también cumplen esta función en diferentes momentos y de diversas maneras.Ser referente no significa querer controlar lo que necesita aprender un niño, sino ofrecer nuevas posibilidades para su desarrollo. Ofrecemos grupos de trabajo, en Primaria, y talleres, en Infantil, y también acompañamiento individualizado, por ejemplo, presentando el uso de materiales en concreto, o preparando un material didáctico sobre un tema de interés.

La estructura que tiene la pedagogía Montessori nos sirve como una ayuda de valor incalculable en la práctica pedagógica y en la reflexión del papel de la acompañante o guía. No enseñamos ni explicamos cosas si no existe curiosidad. Tampoco solemos corregir ni valoramos resultados, porque consideramos que el camino del aprendizaje da muchas vueltas y recoge muchos elementos antes de llegar a una meta. Entendemos que toda persona tiene un mecanismo de auto-corrección. Si el acompañante quiere corregir constantemente conseguiremos que el niño pierda la confianza en su propio criterio, y en vez de hacerse más autónomo, le hacemos más dependiente. Por este motivo, no creemos en exámenes ni en pruebas que evalúen las actitudes ni los conocimientos.

Puede haber momentos en que el acompañante reflexione con un niño sobre las consecuencias de sus actos y le pueda hacer propuestas. No todo vale sin más, pero tampoco obligamos a nadie en contra de su voluntad a hacer cosas que no están conectadas con sus necesidades e intereses. El respeto mutuo es el tenernos en cuenta mutuamente.

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